¿Trabajo o esclavitud Moderna? Japón un caso preocupante.



¿Trabajo? diariamente convivimos con el trabajo, es la fuente que sostiene el modo de vida estándar de la sociedad, pero raras veces nos ocupamos en preguntarnos ¿qué es el trabajo?


Básicamente podríamos definirlo como toda actividad realizada a cambio de una contraprestación o compensación económica. En un mundo habitado por más de siete mil millones de seres humanos, para casi todas las personas es el trabajo lo que nos permite pagar cuentas, servicios, vivienda, alimentación, salud, educación, diversión y prácticamente todo lo que necesitamos para vivir y pertenecer al ciclo social en el que nos desarrollamos. Pero, ésto no siempre ha sido así, la esclavitud ha estado presente también en la sociedad como forma de relación de producción, jornadas extenuantes, disposición continua del trabajo de otro a cambio de ningún pago, sin derechos, ni comodidades. En términos generales la totalidad de las culturas han practicado alguna forma de esclavitud, el registro más antiguo de éste fenómeno social data de la época de la antigua Mesopotamia, al rededor del 6.000 A.C., aunque afortunadamente actualmente ésta ha sido abolida y condenada por las leyes. Sin embargo cabe preguntarnos, hemos abolido realmente la esclavitud? Vamos a intentar contestar la interrogante...




                                   



Actualmente existen diversas jornadas laborales a nivel mundial, ésto significa que en cada país existe un número mínimo promedio de horas a la semana que deben ser laboradas para percibir un salario y en consecuencia poder alimentarnos, vivir bajo un techo, etc. No son pocos quienes deben superar en mucho, la cantidad mínima de horas laboradas para percibir los ingresos requeridos para vivir, no obstante que existen muchísimos países preocupados por disminuir la cantidad de horas laboradas y aún así compensar con salarios justos y adaptados a la realidad económica a los empleados, países como Holanda, Dinamarca, Alemania, Suiza, Suecia, han hecho importantes avances en disminuir sus jornadas laborales, las cuales van de 29 a 36 horas semanales en promedio y aún así han demostrado que no por eso han disminuido su capacidad productiva, no han mermado su crecimiento económico, ni ha decaído el poder adquisitivo de sus ciudadanos, por el contrario han logrado elevar la calidad de vida de las personas. Todos los países citados anteriormente tiene en común que son Europeos, lo que de modo general coloca a dicho continente a la vanguardia del avance social, con un balance bastante aceptable de progreso económico.




Cuando de irnos al otro extremo se trata, no cabe duda que nos encontraremos con el continente Asiático, allí se contabilizan las jornadas laborales más extensas y en muchas ocasiones las peores pagadas. China, Vietnan, Filipinas, por solo nombrar algunos son países característicamente industrializados, en consecuencia allí se manufacturan millones de insumos dirigidos al consumo mundial. Sin embargo, casi inesperadamente hay en particular un país que despunta en el panorama Asiático como uno de los que mantienen una cultura de excesivo aprecio por el trabajo y éste es Japón. Solemos pensar en Japón, como un país altamente tecnologizado, moderno, desarrollado, con alto crecimiento financiero, aunque al mismo tiempo con una aparente cultura de paz social, espiritual y económica. Pero que tan cierta es ésta visión que tenemos de Japón? En la más estricta teoría la jornada laboral en Japón es de 40 horas semanales, aunque en la practica es muy distinta la realidad. La nación Nipona,es una sociedad que esconde la explotación laboral y la percepción generalizada de que las personas son maquinas de trabajo, una sociedad donde es bien visto e implícitamente esperado por las empresas que sus empleados extiendan la jornada laboral por varias horas más allá de lo acordado, aunque no es menos cierto que pagan bien por cada una de las horas extras trabajadas. La jornada laboral Japonesa puede llegar a extenderse por hasta 80 horas semanales y esa es la realidad que en general afecta a la gran mayoría de los japoneses asalariados, lo que se traduce en días de hasta más de 12 horas de trabajo.




En Japón, los retrasos son muy mal vistos y eso evidentemente no esta mal, no cabe duda que la puntualidad es una extraordinaria cualidad, denota respeto por el otro y en el trabajo contribuye al desarrollo de las actividades desempeñadas. Por ejemplo, el metro y el transporte público en general muy raras veces presentan retrasos y cuando ocurre piden disculpas a los usuarios e incluso a quien lo solicita entregan un justificativo para que lo presenten en sus trabajos. Pero, lo que se esconde tras eso es la sobre valoración del tiempo, porque todo está monetizado y aunque aparenta ser una sociedad espiritual, en realidad es una sociedad altamente materialista. Los japoneses pueden cobrar por cada hora extra trabajada el equivalente a una hora y media de salario en jornada normal y lo hacen por necesidad, pues en la nación asiática se computa el valor de vivienda más alto del mundo, adicionalmente por aspectos culturales, no existe paridad laboral de la mujer con respecto al hombre, la mujer no ha sido integrada al mercado laboral con fluidez, lo que obliga al hombre a buscar ingresos extras para sostener a su familia.


                                      

A todo lo anterior, debe sumarse que el Japones es muy dado a la cultura empresarial y corporativa, se tiene en alta estima la inversión empresarial y por tanto las personas son muy dadas a prestar toda la colaboración posible en sus trabajos cada vez que es necesario el cumplimiento de metas o el aumento de productividad, todo como una forma de mantener a la inversión empresarial agradada y no espantarla con la apatía laboral de los empleados, de modo que es usual extender la jornada laboral con el fin de generar mayores ingresos financieros a las empresas. 


Es una costumbre específica que durante el primer trimestre del año cuando en Japón es la temporada alta financieramente hablando, la totalidad de la masa laboral japonesa cumpla jornadas de trabajo que superen las 13 horas diarias y en consecuencia los empleados pueden casi duplicar sus ingresos y ahorrar para las temporadas bajas. Ésta situación no suena del todo mal, sí lo vemos como algo que ocurre durante sólo 3 meses al año, pero lo que no se dice a viva voz es que al culminar el primer trimestre del año, no todos pueden darse el lujo de abandonar las jornadas extenuantes y al menos el 70% de los ciudadanos deben continuar extendiendo sus horarios laborales por todo el año.



                                


Japón es una sociedad adicta al trabajo, por motivos culturales y económicos, donde el grave trasfondo es que no se descansa, ni se desarrolla una vida familiar y social normal. Basta con sacar una cuenta sencilla, una semana equivale a 168 horas, de las cuales un japones promedio trabaja 80, quedando 88 horas semanales para dormir, compartir con la familia y socializar en general y transportarse a su trabajo. Se ha calculado que el Japones promedio no duerme más de 6 horas al día y en muchos casos 5, aunque la ciencia indica que se deben dormir al menos 8 horas diarias para gozar de buena salud. Pero el problema no se circunscribe sólo a la jornada laboral, sino que es aún más grave, los Japoneses cada vez menos hacen uso de sus vacaciones. Se ha generalizado la tendencia a suspender las vacaciones que por ley en Japón equivalen a 25 días anuales, incluyendo permisos por enfermedad común. 


Un reciente estudio científico determinó que en al menos 1 de cada 5 empresas Japonesas existen empleados en riesgo de morir por AGOTAMIENTO, es decir fatiga generada por extenuación, o en muchos otros casos se multiplican casos de infarto por estrés, accidentes cerebro vasculares e incluso va en aumento las cifras de suicidio por la enorme presión que supone ir tras las exigencias económicas y sociales de la vida Japonesa, aunque éstos últimos no se contabilizan como victimas del "Karoshi" que es el termino acuñado en Japones para referirse a la muerte por agotamiento laboral.



                              


Los Japoneses tienen muchísimo miedo al fracaso, a la critica social y la decepción familiar, aunque paradojicamente los problemas familiares no son más que la consecuencia de la poca atención dispensada a la familia por la excesiva atención al trabajo.







Guillermo Garzón.
@garzonguillermo

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